![]() |
| Respiro y fluyo en el aquí y el ahora |
Definitivamente que nadie sabe el valor de las
cosas en este caso el valor de un VALOR valga la redundancia hasta que lo
experimenta. Esta reflexión surge de la siguiente experiencia: estando en casa
en un momento determinado recibo un mensaje de parte de unos compañeros de fe
donde el esposo solicitaba ayuda económica para atender la operación de su esposa
la cual se encontraba en una situación delicada de salud y requería ser
ingresada a quirófano con urgencia. Al instante me alarmé, recordé a su
familia, la angustia que ella podía estar sintiendo, recordé a sus hijos
pequeños y “wuao” me invadió la desesperación y de inmediato mi mente empezó a
recrear escenarios en donde una situación similar pasara en mi familia, por un
instante toque fondo y subí con la misma. Tomé una respiración profunda, me
centré y sencillamente pensé ¿qué puedo hacer? de
manera inmediata colaborar económicamente era la única opción, pero eso no será
suficiente me dije, ¿qué más puedo hacer?... a través de varias respiraciones consientes
fui mandándole mensajes positivos a mi cerebro, pues efectivamente era una emergencia,
pero existen un millón de posibilidades positivas que se pudieran estar
gestando en ese mismo instante y con acciones positivas podía contribuir. Me
activé, contacte, di mi aporte económico, multiplique la información hacia
amigos y conocidos y empecé a pensar la cantidad de gente que pudieran conocer
los familiares y fue un tranquilizante
porque me di cuenta que la respuesta estaba dada, existían razones suficientes
para tener la confianza de que el dinero efectivamente va a fluir para asistir
la operación; también recuerdo que pensé que mi mente era tan limitada que no podía imaginar los
lazos que se pudieran estar originando para cumplir con la recaudación del
dinero que en primera instancia era lo que impedía que mi compañera fuera
atendida y comprendí una vez más que estos asuntos no son propiamente de la
razón y que necesitaba dejarla a un lado para permitirme fluir con la vida y
sentir la serenidad y la confianza
en mi corazón que ya el bienestar de ella estaba dado, me dispuse a orar,
meditar y poner al servicio de mi compañera las herramientas que están a mi
alcance por su más alto bien, fue así como mi mente y alma se fueron
tranquilizando porque di lo mejor de mí para la situación, me sentía parte de
ella, corresponsable y con la seguridad de que todo seguiría fluyendo.
No
fue sino hasta el día siguiente que el esposo nos hace saber que efectivamente
la van a operar aun sin tener el dinero completo, pero al mostrar el movimiento
del flujo económico de la recaudación del mismo en la clínica procedieron a brindar
la atención médica, se generó la condición necesaria para establecer la confianza económica y que de esa manera
se procediera.
¿Y es
por esta situación particular que surge en mí esta reflexión? ¿Cuántas veces no
hemos necesitado sentir confianza para avanzar, para tomar una decisión, para
accionar ante cualquier situación, cuantas veces al día podemos requerir
confianza?, ¿qué tan importante es sentir confianza en la vida misma, qué tan
importantes es ser personas confiables? Y se me ocurre pensar entonces que la
confianza es amor, la confianza mueve el mundo y donde no hay confianza solo queda
tristeza y desesperanza.
Mi
invitación es a que confiemos más, amemos más y actuemos más en consecuencia,
primero calma y serenidad ante la adversidad. Con amor Yenire G. L


Comentarios
Publicar un comentario